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Bebiendo champagne ‘soy más francés que muchos franceses’

Artículo publicado en la revista Hunter nº5 pag 85.

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Bebiendo champagne ‘soy más francés que muchos franceses

A 150 Kilómetros de París en dirección noreste está Reims, capital de la Champagne y a 30 Km de Reims, hacia el sur, está Épernay, centro geográfico de la región llamado ‘La capital del Champagne’, ambas ciudades representan al espumoso más conocido y protegido del mundo.

Cuando escribo y viajo hablando de champagne y de la Champagne ‘soy más francés que muchos franceses’, digo parafraseando a Vila-Matas. Y hablando de Francia y los franceses me he acordado de Julian Barnes, y de la ironía que gira en torno a él cuando decía: ‘creo que a los británicos siempre nos ha obsesionado Francia, ya que representa para nosotros el inicio de la diferencia, de lo exótico. Es curioso, a los ingleses nos obsesiona Francia, mientras que a los franceses sólo les intriga Inglaterra”.

Las fronteras de las que habla Barnes me vienen como anillo al dedo para hablar del champagne y su condición de ‘vino fronterizo’. Un vino que no existiría sin admitir consideraciones territoriales a través de las cuales ha conseguido posicionarse y despertar, en millones de bebedores, admiración y fidelidad.

Escribir es inventar, estoy de acuerdo, pero no invento nada cuando digo que el champagne es el único vino espumoso del mundo que no admite muchas pequeñas ubicaciones como otros espumosos, sino una única ubicación: la Champagne. Un territorio que definió las tres regiones principales: Montagne de Reims, Vallée de la Marne y Côte de Blancs por primera vez en 1908 y no fue hasta 1911 cuando se incluyeron los viñedos del Aube, añadiéndose así una cuarta región: la ‘Côte des Bar’. Los franceses vieron la necesidad de establecer una frontera para definir una identidad que englobaba a la vez una pluralidad de identidades, las de cada vigneron (pequeños productores) trabajando su particular terroir. Esta incesante manera de definir un territorio hace que el concepto terroir sea lo que distingue y da fuerza al champagne, convirtiéndolo en un vino mágico. Pero en Francia el champagne es, además de un concepto que concierne a la geografía, un potente elemento cultural. Un vino con aspiraciones pensarán muchos, un territorio obsesionado por su identidad dirán otros, lo cierto es que en ambos casos hablamos del mismo vino, el único del mundo que puede presumir de ser el maridaje perfecto a cualquier plato, existiendo tantos estilos de champagne como platos posibles.

Metafóricamente podríamos decir que el champagne trabaja con los límites del territorio. Un territorio cuyas luces y sombras sólo conocemos los que nos dedicamos, en profundidad y desde distintos enfoques al estudio de un vino, cuyo éxito y prestigio están construidos sobre una frontera.

Boizel, Brut Réserve

Jacques Lassaigne, Les Vignes de Montgueux

Samon, Brut Prestige

Isabel Chuecos-Ruiz, sommelier  |  © Champagne & Business

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